Para abrir esta conversación, queremos compartir contigo los resultados de una encuesta realizada a 2.332 estudiantes en regiones del sur del país, como parte de nuestro informe “Adolescentes, redes y desinformación, un estudio que revela cómo acceden a la información, qué tan críticamente la consumen y cuáles son los retos más urgentes para fortalecer la educación mediática en contextos donde se multiplican las brechas tecnológicas, de infraestructura, económica y de calidad educativa.

📱 1. Las redes sociales son su principal fuente de información

El 34,8 % de las y los adolescentes encuestados se informa sobre lo que pasa en el mundo a través de redes sociales, principalmente Facebook. Aunque la confianza en estas plataformas es moderada (53,1 %), se han convertido en el canal más habitual para acceder a noticias, tendencias y debates públicos.

Esto plantea una pregunta clave: ¿Qué tipo de información reciben cuando su puerta de entrada al mundo son algoritmos que priorizan lo viral sobre lo verificado?

🔍 2. Verifican poco, comparten mucho

Solo el 35,5 % de las y los estudiantes dice verificar la información antes de compartirla. Eso significa que dos de cada tres adolescentes podrían no darse cuenta del contenido que envían y podrían contribuir a la desinformación. 

Imagina un colegio con 600 estudiantes: más de 380 podrían estar difundiendo información no verificada cada día.

No es solo un dato; es una alerta.

📚 3. Consultar varias fuentes no es una práctica común

Apenas el 20,6 % afirma que suele consultar distintas fuentes antes de formarse una opinión. El resto —la gran mayoría— se queda con la primera versión que encuentra, sin contrastarla ni profundizar.

Eso nos habla de una autonomía informativa limitada, y de una necesidad urgente de fortalecer la educación mediática en el aula y fuera de ella.

Ponlo en práctica: investiga con tus estudiantes

Apenas el 20,6 % afirma que suele consultar distintas fuentes antes de formarse una opinión. El resto —la gran mayoría— se queda con la primera versión que encuentra, sin contrastarla ni profundizar.

Eso nos habla de una autonomía informativa limitada, y de una necesidad urgente de fortalecer la educación mediática en el aula y fuera de ella.