El debilitamiento de los filtros de verificación en redes sociales, muchos desmontados por decisiones corporativas que buscan congraciarse con gobiernos como el de Donald Trump, deja a la ciudadanía expuesta a una avalancha de contenidos manipulados. La polarización es cada vez más emocional y viral, y la falta de regulación hace vulnerables a las democracias a la intervención de actores externos, sin transparencia ni consecuencias.
En este contexto, ejercer la ciudadanía digital requiere desarrollar pensamiento crítico, comprender cómo funcionan los entornos informativos y comprometerse con una participación activa e informada. ¿Cómo construimos pensamiento crítico en un ecosistema donde la conversación política transcurre entre likes, tendencias y desinformación? ¿Cómo nos preparamos para una democracia digital cuando los contenidos difundidos refuerzan la desconfianza en las instituciones y alimentan sesgos que dificultan el diálogo?
Desde La pizarra identificamos tres desafíos que afectan la calidad del debate en línea y te proponemos herramientas para abordarlos.
Desinformación y uso de inteligencia artificial para manipular
No queremos alarmarte, pero los límites entre la realidad y la ficción son borrosos. Herramientas como Veo 3, la nueva inteligencia artificial generativa de Google, son capaces de crear videos hiperrealistas que engañan a un ojo entrenado. Los deepfakes llegaron para alterar la escena, como en la película Inception (El Origen), un mundo en el que se pueden fabricar realidades completas, o como en la serie estadounidense Mr. Robot, donde la tecnología se convierte en un arma de manipulación masiva.
Podemos contrarrestar este desafío, si hacemos lecturas críticas y trazamos los orígenes de la información que consumimos. Un informe del Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Compromiso Cívicos (CIRCLE) de la Universidad de Tufts en EE.UU., encuestó a jóvenes entre los 18 y 34 años y encontró que el 77 % se informa a través de al menos una red social. Sin embargo, quienes desarrollan habilidades de verificación (como preguntarse ¿es creíble? O ¿quién publica?) no solo se informan mejor, sino que también participan más en las elecciones. Además, el 53 % dijo haber aprendido estas herramientas de análisis crítico en clases de estudios sociales, inglés o historia.
Para Ana María Saavedra, experta en verificación de datos (fact-cheking), debemos tomarnos un tiempo antes de compartir y hacernos preguntas. “¿Me activa algunas emociones, eso que estoy compartiendo? ¿Qué gano compartiendo?”. Ana María agrega que, además, hay que desconfiar de las capturas de pantalla y que “si se trata de una foto, hay que revisar los detalles como las manos, las palabras y los fondos para ver si no han sido creadas por inteligencias artificiales que todavía tienen problemas con los textos y fondos. También hacer búsquedas en Google para revisar si han salido en medios”.
Desde La pizarra te animamos a usar herramientas útiles para detectar contenido manipulado por IA:
- Deepware: detector de deepfakes y contenido sintético.
- PimEyes: buscador de reconocimiento facial inverso, ideal para rastrear imágenes y verificar su origen.
- Scena.ai y Vyond: plataformas donde se pueden crear avatares y videos generados por IA. Si una imagen que rastreas te lleva a estas páginas, es posible que haya sido creada o alterada digitalmente.
Sandra Acero, directora de proyectos de CIVIX, nos recuerda que este no es un tema para tratar solo con niños, niñas y adolescentes: necesitamos herramientas para toda la ciudadanía, incluso adultos mayores. “Equipémonos con herramientas de lectura lateral para verificar incluso la información que sospechamos que es generada por inteligencia artificial generativa”. La lectura lateral implica salir de las redes sociales para rastrear la información y buscar en otros sitios web o fuentes externas. ¿Cómo están titulando en otros sitios? ¿Se trata del fragmento de un discurso manipulado? ¿Es una imagen de años atrás?
Manipulación algorítmica y segmentación que opaca del discurso político
Este no es un problema meramente tecnológico, es estructural. Las plataformas digitales priorizan contenidos que generan reacciones intensas —especialmente emociones como la rabia, el miedo o la indignación—, lo que favorece la viralidad de discursos extremos y polarizantes. En época preelectoral, este fenómeno se intensifica. Por ejemplo Grok en X (antes Twitter) acelera la difusión de contenidos con intereses políticos detrás.
El investigador residente en el Laboratorio de Investigación Forense Digital (DFRLab) del Atlantic Council, Esteban Ponce de León, es especialista en el estudio de la desinformación en línea y de estos patrones en redes. Según él, muchas de las cuentas que amplifican mensajes políticos tienen orígenes poco claros: “Muchas veces es muy complicado darles una ubicación precisa, son cuentas anónimas o no sabemos quiénes están detrás, pero hay patrones muy significativos que nos dan luz a asumir que pueden estar ligadas a Rusia, a China, a India, a Irán y a Israel”, explica.
Si bien en América Latina esta interferencia no tiene el mismo alcance que en Europa o EE.UU., Esteban destaca que sí hay indicios preocupantes: “Venezuela fortalece ciertas narrativas sobre procesos electorales en Latinoamérica, apoyando partidos o ideologías que se alinean mucho con su visión política. Y esto, aunque no es necesariamente la misma injerencia extranjera que observamos en otros países, al final forma parte también de una injerencia”.
Otro riesgo central es la segmentación política opaca, es decir, el uso de técnicas de publicidad digital para dirigir mensajes personalizados según nuestros datos privados. El sonado caso de Cambridge Analytica y Facebook mostró como con información recogida sin consentimiento se usó para diseñar mensajes dirigidos que buscaban manipular emociones y decisiones políticas.
Actualmente, esto se hace a través de embudos o funnels que son estrategias del mercadeo digital y se desarrolla a través de agencias encargadas de identificar el tipo de audiencia y los mensajes a medida con el fin de obtener el apoyo o reacción esperada. Igualmente, lo que se conoce como microtargeting o microfocalización como estrategia utiliza nuestros datos personales. Información sobre intereses políticos, búsquedas, consumo, estilos de vida y nivel educativo es usada con el fin de generar mensajes hiperpersonalizados que confirmen o incluso moldeen nuestras preferencias políticas; un diseño de realidades paralelas en el que la deliberación pública se fragmenta y se diluye.
Votantes primerizos, EMI y desinformación
Una investigación reciente publicada en la revista Jurnal Kajian Informasi & Perpustakaan, de la Universidad Padjadjaran, Indonesia, analizó la influencia de la alfabetización mediática e informacional (AMI) en votantes primerizos, específicamente, estudiantes de preparatoria.
El estudio evidenció el impacto positivo de la AMI en mayores capacidades para identificar la desinformación y una menor propensión a compartirla en redes sociales.
“En consonancia con la alfabetización mediática, varias investigaciones sugieren que la alfabetización informacional, al cuestionar y verificar la información antes de compartirla, puede servir de salvaguardia contra la difusión y propagación de información errónea en las redes sociales”, se lee en el estudio que puedes consultar aquí.
Aunque en un contexto distinto, los hallazgos son relevantes para Colombia, donde las conversaciones políticas también están mediadas por las redes digitales. La clave está en debatir sobre la manipulación digital y las amenazas al debate democrático. Con la desinformación avanzando con velocidad y la poca regulación sobre la soberanía de los datos, la EMI se convierte en una estrategia imprescindible para proteger el voto informado y la participación ciudadana en general de manera responsable.
Desde la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), entendemos que la educación mediática no se trata solo de identificar noticias falsas. Es también una forma de cuestionar el poder de los algoritmos, exigir transparencia en las campañas digitales y defender el derecho a comprender cómo se nos informa. En un entorno donde la manipulación se disfraza de diálogo, la ciudadanía crítica no es opcional: es esencial para sostener la democracia.
Recursos para el aula
- Fomenta escenarios seguros donde puedan conversar sobre la importancia de elegir de manera informada.
- Reflexiona sobre los intereses detrás de la viralización de una mentira.
- Crea debates permanentes sobre cómo referirse a grupos subrepresentados (población migrante, grupos LGBTI, NARP, indígenas y ROM) para evitar sesgos polarizantes, estereotipos y estigmas.
¡A construir ciudadanía digital! También te compartimos estas experiencias para que puedas trabajarlas con tu comunidad: