En 2025, los niños, niñas y adolescentes (NNyA) no viven en “Caída en picada” —el capítulo de Black Mirror en el que los likes decidían el estatus social—, pero sí en un mundo donde su autoestima depende de algoritmos diseñados para capturar la atención y generar dependencia. 

Según la Comisión de Regulación de Comunicacionesel uso de las redes sociales creció exponencialmente en la última década y los NNyA en Colombia  pasan al menos 8,9 horas entre semana y 7,2 horas los fines de semana frente a las pantallas consumiendo contenidos digitales.

Las redes sociales nacieron con la promesa de mejorar nuestra vida social. Pero, la evidencia científica nos enfrenta a un panorama inquietante: cerebros de NNyA en desarrollo expuestos a un experimento sin manual de instrucciones, entre el exceso de dopamina, estándares inalcanzables de belleza o éxito y contenidos hiperpersonalizados que los algoritmos ajustan para asegurar su dependencia online.

El resultado: una generación con menos satisfacción vital, más ansiedad, depresión y problemas de sueño. Investigaciones como “Windows of developmental sensitivity to social media”, publicada en Nature Communications (2022), señalan que el uso intensivo de redes sociales se asocia con cambios en regiones cerebrales clave para la regulación emocional y el control cognitivo

Más recientemente, un estudio de 2025 en arXiv advierte que el exceso de tiempo frente a pantallas intensifica síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes. ¿Pero, son las redes sociales un villano en esta historia o el espejo de una sociedad que refuerza sus propios sesgos durante el tiempo en línea?

La adolescencia es una etapa sensible

Según la investigación de Nature Communications, en la adolescencia se dan cambios drásticos neuroevolutivos, puberales, cognitivos y sociales. En efecto, el uso intensivo de las redes sociales por parte de adolescentes deriva en “puntuaciones considerablemente más bajas en satisfacción vital”. En el caso de la adolescencia mayor (16-21 años) se observó una curva en forma de U invertida: 

“Aquellos que estimaron que hacían un uso muy bajo o muy alto de los medios sociales informaron de puntuaciones de satisfacción vital más bajas que aquellos que estimaron que utilizaban entre «menos de una hora» y «1-3 h» de medios sociales al día”, reza el estudio. 

Otras investigaciones, como la de Ying Dai y Na Ouyang señalan que pasar más de cuatro horas diarias frente a las pantallas incrementa los problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión en los NNyA estadounidenses. Dos factores explicarían estos efectos: la actividad física reducida y los patrones de sueño irregulares. 

“En una revisión sistemática y un metaanálisis se observó que el tiempo de pantalla se asoció significativamente con conductas externalizantes (por ejemplo, agresión o falta de atención), aunque el coeficiente de correlación era pequeño”. Sin embargo, el estudio enfatiza en que el uso de redes sociales e internet para mantener contacto con amigos y familiares durante la pandemia también pudo proteger su salud mental.

El papel de las redes sociales en el desarrollo del cerebro

Las notificaciones, el scroll infinito y los feeds personalizados activan los circuitos de recompensa del cerebro. La neurocientífica Eva Telzer ha documentado cómo estas plataformas impactan estructuras cerebrales en pleno desarrollo, lo que las hace especialmente sensibles a las recompensas sociales, como los “me gusta”. 

En el capítulo del pódcast Screen Deep explica cómo este tipo de interacciones digitales moldean regiones cerebrales ligadas a la gratificación y la regulación de impulsos.

Este efecto se refleja en tres dimensiones:

  • El sistema de recompensa: es altamente sensible en la adolescencia. Los receptores de dopamina son potenciados por la gratificación de las interacciones. Esto lleva a conductas adictivas.
  • Regiones cognitivas y sociales: al ser tan sensibles al contexto social, les permite a los y las adolescentes tomar una perspectiva de las demás personas, y preocuparse en exceso por cómo son percibidos.
  • Control ejecutivo (corteza prefrontal): esta red permite a adolescentes resistir a impulsos y regular su comportamiento. Por ejemplo, desentenderse del celular por un tiempo determinado.

Aun así, los sistemas cerebrales también facilitan la exploración y comportamientos prosociales. El filósofo y psicoanalista Miguel Benasayag advierte que delegar algunas funciones cerebrales a la tecnología puede atrofiar las regiones no utilizadas. Sin embargo, la neuroplasticidad abre la posibilidad de revertir el efecto si se promueven usos críticos, híbridos y responsables de la tecnología.

Necesitamos canalizar, por ejemplo, la sensibilidad a la recompensa hacia entornos regulados y positivos para un desarrollo saludable: pensar en los beneficios educativos, sociales y políticos que a veces se subestiman puesto que las redes digitales también han permitido la creación de contenido educativo, el acceso a comunidades virtuales de apoyo e incluso el activismo.

¿Qué pasa con la salud mental?

El impacto de los algoritmos en la mente adolescente no se queda en la esfera neurológica. Una investigación de Nature Human Behavior encontró cambios en regiones cerebrales ligadas a la regulación emocional y el control cognitivo tras un uso intensivo de las redes sociales. 

Las diferencias importan: para lograr la eficiencia en las políticas y las prácticas clínicas deben ser adaptadas a los diferentes perfiles de salud mental. Según el estudio, la terapia cognitivo-conductual podría aportar a un manejo de la comparación social y al impacto emocional del uso de redes sociales en adolescentes.  

De hecho, la investigación distingue entre condiciones internalizantes —cuando la presión recae hacia adentro en forma de ansiedad, depresión o retraimiento— y externalizantes, que se expresan hacia afuera en conductas como impulsividad o dificultades de atención. 

Los que presentaron condiciones internalizantes tendían a pasar más tiempo en redes y reportaron mayor comparación social; los que presentaron las externalizantes presentaron un uso más intensivo de la red en general. Estas diferencias recuerdan que no existe un único “efecto de las redes sociales”, sino múltiples experiencias que exigen respuestas diferenciadas.

Para reflexionar…

Glosauriuxs: Economía de la atención

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En el ecosistema digital actual, la atención es el recurso más peleado. Plataformas, aplicaciones y creadores de contenido, todos, compiten por captar —y retener— cada segundo de nuestros ojos en la pantalla. Se trata de un fenómeno en el que se pueden ver las disputas por el control de la atención social. Este modelo de negocio convierte el tiempo de los usuarios en el activo más valioso, pues de él dependen los ingresos por publicidad, la viralidad de los contenidos y la influencia en las decisiones sociales y políticas. Hay un problema evidente: esta competencia rara vez favorece la calidad o que la información sea verificada. Para maximizar la permanencia, los algoritmos priorizan lo que genera reacción inmediata: polémica, miedo, indignación o gratificación rápida. Así, la atención se fragmenta, se sobreestimula y, a la vez, se desgasta, dejando menos espacio para la reflexión crítica y el debate informado.